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30 December 2006
Estimad@s
A propósito de la inminente participación de la Orquesta Juvenil de la Universidad del Bío-Bío en el Campamento Musical de Mancera, vale la pena recordar una interrogante que planteé hace dos años en una carta al Diario El Sur, acerca de si las autoridades de la UBB sabían que en su Escuela de Música se hallaba el germen de una excelente orquesta profesional. Desde que escribí aquellas líneas, la Orquesta Juvenil de la UBB ha crecido en madurez y técnica y ha ido incorporando a alumnos destacados provenientes de otras orquestas, que son atraídos por la presencia de una maestra de violín de la jerarquía de Alejandra Urrutia, una administración que sabe becar el talento y una formación musical que ha logrado ir un poco más allá de simplemente “tocar”, con miras a la formación de una carrera de Licenciatura en Música (un proyecto con el que la UBB debería haberse comprometido hace tiempo).
En su último concierto, la nómina de la Orquesta UBB comprendía 40 integrantes, que constituían una formación sinfónica casi completa. Ciertamente, es algo impresionante de ver y escuchar. Pero es aún más impresionante pensar en la fragilidad de iniciativas como ésta, que se sostienen sobre el esfuerzo tenaz de unos pocos músicos-profesores abnegados y un contingente de jóvenes talentosos que un día cualquiera podrían emigrar en busca de perspectivas más motivadoras. Y esto lo digo por experiencia propia, pues yo mismo toqué en una orquesta juvenil pionera.
Sin embargo, es desalentador constatar que orquestas como ésta aún carecen de lugares adecuados para ensayar. El caso particular de la Orquesta Juvenil UBB es intrigante, pues aunque está bajo el alero de una sólida institución, depende de la buena voluntad de otras entidades que le faciliten sus espacios. Tampoco deja de sorprender que la UBB aún no haya tomado la iniciativa de construir un auditorio o habilitar algún abandonado cine en el centro de Concepción para crear un lugar de encuentro con la comunidad en general y que sirva de vitrina para los cuerpos artísticos universitarios. Como consecuencia de ello, los recitales de profesores y alumnos de la Escuela de Música UBB, así como los conciertos de su orquesta, se realizan en instalaciones de otras entidades universitarias, culturales y religiosas.
A esto se suma el hecho de que la existencia misma de la orquesta depende de apoyos externos a la UBB (del FONDART, la Fundación Andes, las becas FOJI, el Gobierno Regional, la Municipalidad de Concepción e incluso cuotas de sus apoderados), gracias a los cuales el conjunto continúa con sus esforzadas presentaciones en diversas regiones del país, dejando siempre en alto el nombre de esta casa de estudios superiores.-
Sinfómano
Sobre la edición anterior del Campamento de Mancera:
Orquesta Juvenil UBB en la portada del Diario Austral de Valdivia

La orquesta toca Telemann en el Centro Español (diciembre 2006)
Foto:Sinfómano
19 December 2006

Hace pocos días se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de don Hermann. Tuve la fortuna de compartir con él hace algunos años, cuando pidió contactarse conmigo luego de leer mis comentarios de música en el diario “El Sur”. Estuve en su casa, donde conocí su colección de “ojos”, sus lámparas de maderas rosadas y los enmarañados mapas con los viajes de su adorado Bach. Obviamente, intercambiamos CDs del buen Johann Sebastian y, además, él asistió a una de mis charlas musicales en la multisala de la municipalidad (recuerdo que era sobre música latinoamericana).
Ya había cumplido los 90 años, pero mantenía una vitalidad admirable y una sencillez y buen humor que lo hacían muy querible. Con razón sus amig@s y ex alumn@s lo recuerdan con tanto cariño.
Para ayudar a mantener viva su memoria y a valorar su legado como músico y pedagogo, he subido una entrevista realizada en 1987 por el diario El Sur. Es la hoja del diario escaneada, en tamaño natural y formato JPG. Pueden descargarla aquí:
Recuerdos y opiniones de Hermann Kock (1987)
Más sobre don Hermann, aquí:
Entrevista a Hermann Kock en Radio U. de Concepción (31 MB, formato MP3)
El crítico más sui generis de Chile en Diario El Sur, 2003
La vida como clase magistral en Diario El Sur, 2003
Los ojos de Hermann Kock en Blog “Mis palabras, tus palabras”, 2005
Hacía de todo y lo quería todo en Diario El Sur, 2005
Murió el osornino que encandiló a Concepción en Diario Austral, 2005
Carta al director: Hermann Kock en Diario El Sur, 2006
Mi personaje inolvidable en Blog “Claroscuro”, 2006
9 December 2006
Estimad@s:
Ésta es mi traducción de un artículo publicado en inglés en varios sitios web (y con distintos títulos), en relación con la Orquesta Interreligiosa “Armonías” que se ha formado en Argentina bajo la dirección del maestro Luis Gorelik.
Sinfómano
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Los ciudadanos músicos le dan una oportunidad a la paz
por César Chelala*
Publicado originalmente en inglés por The Japan Times, 5 de diciembre de 2006
http://search.japantimes.co.jp/cgi-bin/eo20061205cc.html
Publicado en otra versión en Commondreams, 1 de diciembre de 2006
http://www.commondreams.org/views06/1201-21.htm
Los líderes políticos y religiosos podrían ser mejores pacificadores si le prestaran atención a los logros obtenidos por algunos músicos contemporáneos. Las orquestas “interreligiosas” conformadas por músicos judíos, musulmanes y católicos muestran el camino hacia una disminución del clima de violencia, al tiempo que marcan el inicio de un nuevo tipo de relación entre las personas de diferentes credos religiosos.

Foto: La Nación
Una orquesta de estas características es la que se formó recientemente en Argentina, siendo la primera de su tipo en el país. La iniciativa es el resultado de la labor del sacerdote católico Fernando Giannetti, el rabino Sergio Bergman y el presidente del Centro Islámico de la República Argentina, Sumir Noufouri. Se llama “Armonías”. Desde un comienzo, la iniciativa ha recibido un fuerte respaldo de Daniel Barenboim, el connotado músico que ha trabajado incansablemente por la paz en Medio Oriente. Junto con el fallecido académico palestino Edward Said, Barenboim ha logrado crear el “Diván de Oriente y Occidente” (nombre extraído de una antología de poemas de Goethe), una orquesta constituida por jóvenes músicos israelíes y palestinos. La orquesta ha tocado en todo el mundo, y Barenboim ha dado recitales de piano y clases de música en zonas palestinas.
Los esfuerzos de Barenboim por fomentar la paz están en la misma línea que los de otro pianista argentino, Miguel Ángel Estrella, embajador de su país ante la UNESCO. Estrella es el fundador de “Musique Esperance”, un grupo que busca promover la paz y la justicia por medio de la música. Estrella también ha formado la Orquesta por la Paz, que reúne a músicos de Israel, Marruecos, Túnez, Egipto, Jordania, Irak, Siria y los territorios palestinos.
Estrella pone un especial énfasis en la capacitación de la generación joven. “Si somos capaces de crear un nuevo humanismo, seremos más creíbles ante los ojos de nuestros niños y jóvenes de hoy”, dice.
El director de “Armonías” es Luis Gorelik, un músico con una distinguida carrera internacional. El director y sus músicos buscan mostrar las posibilidades de cooperación entre personas de diferentes religiones. “Armonías” está constituida por 34 músicos de varias provincias argentinas y hay planes para incorporar músicos de otros países latinoamericanos.
¿Acaso un grupo musical puede servir como modelo de cooperación entre personas de diferentes credos? Yo creo que sí, especialmente si vemos este tipo de iniciativas en el contexto de los acontecimientos del mundo de hoy. Mientras que los actos de los políticos parecen acrecentar la división entre distintos grupos religiosos, el trabajo de los músicos mencionados contribuye a reducir la brecha.
Muchos de los actuales líderes políticos y religiosos han fracasado, conduciendo al mundo a ciclos de violencia que van en dramático aumento. Al intentar combatir el fuego con fuego, sólo han logrado desencadenar una mayor cantidad de conflictos con consecuencias aún más graves. La violencia y el sufrimiento no han disminuido, y no lo harán a menos que se fomente un clima de entendimiento y cooperación. Es en estas condiciones que iniciativas como la de Barenboim con su Diván de Oriente y Occidente, Estrella con su Orquesta por la Paz, y Armonías, son más efectivas en la promoción de la paz.
Sólo desarrollando la cooperación y el trabajo en comunidad tendremos alguna esperanza de poner fin a los brutales conflictos que afligen al mundo entero. Talvez a través de iniciativas civiles como la música podamos alcanzar un nivel de entendimiento que nos lleve eventualmente a reducir la violencia.
La gente en todo el mundo se siente impotente ante las olas mortíferas de destrucción. No obstante, podemos construir puentes de entendimiento y paz con iniciativas musicales. Los ciudadanos comunes que pertenecen a orquestas promotoras de la paz pueden demostrarle a los mercaderes de la guerra que la música y la cooperación pueden triunfar sobre la destrucción y la muerte.-
(*) César Chelala es un consultor médico internacional radicado en Nueva York que escribe frecuentemente sobre derechos humanos y política exterior.
9 December 2006
Estimad@s:
A mi juicio, desde que escribí mi comentario (Diario “El Sur”, 1998), ha habido signos de cambio, especialmente gracias a los aportes de los instrumentistas más aventureros. Es decidor que varios de los artífices del festival de música contemporánea “Neo”, sean también los que mejor reflejan las actuales tendencias en la interpretación del repertorio de siglos pasados.
Un año después de la publicación de aquel comentario, escribí uno referido a una interpretación de Las Cuatro Estaciones por el violinista Freddy Varela y una orquesta armada para la ocasión. Aquella ecléctica versión recogía algunos elementos de interpretaciones historicistas (incidentalmente, el concertino de aquel ensemble era Felipe Hidalgo, quien un par de años antes había dirigido a la Sinfónica Juvenil de Santiago en un simpático experimento: la imitación de la hiperdescriptiva grabación de Las Cuatro Estaciones por el conjunto italiano Il Giardino Armonico).
Un resultado más consistente con las tendencias historicistas se pudo apreciar a fines del año 2005. Para un concierto de la Escuela de Música UBB, el versátil tecladista Edgardo Campos se alió a la violinista Alejandra Urrutia y al flautista Sergio Carrasco en el Concierto Brandemburgués N°5 en una versión con inegalité, enflé, vibrato controlado y un ensemble instrumental de tamaño mínimo, más algo de ornamentación libre (discutible, talvez, pero es una de las especialidades de Edgardo). Incluso el ataque y los colores de la flauta metálica de Sergio evocaban en algo a sus antepasados de madera.

Foto:Sinfómano
A los pocos días, Edgardo se uniría a otro eficiente equipo de solistas para interpretar la misma obra, esta vez frente a la Orquesta Sinfónica Universidad de Concepción en la Casa del Arte. Pese al enfoque romántico aplicado a todo el programa (que incluía, además, música de Telemann y Purcell), el clavecín rebelde de Edgardo siguió dándole un toque historicista.
En septiembre de 2006, sucedería algo muy curioso en otro concierto realizado en la Casa del Arte. El Coro de Cámara de la Universidad de Concepción interpretó una cantata de Bach, acompañado por un conjunto de cámara extraído de la Orquesta Sinfónica. Esta vez, se podía ver claramente cómo los violines primeros controlaban su vibrato, a diferencia del resto de la orquesta (¿dónde habrá estado la mente del director?). Incluso, Ramiro Vera –uno de los integrantes de la fila– estaba usando un arco barroco.

Foto:Sinfómano
Ramiro volvería a empuñar este arco en diciembre, cuando tocó como solista junto a Ximena Águila en el Concierto en sol menor, opus 3 No.2, de Vivaldi. La misma orquesta y el mismo director que hacía un año habían ofrecido un Bach “a la romántica”, esta vez entregaron una interpretación muy influenciada por las tendencias historicistas, y con una vitalidad espectacular en matices, articulación y fraseo, además de una muy hermosa y convincente ornamentación libre. En seguida interpretaron una sinfonía concertante de Johann Christian Bach, en una versión igualmente meticulosa, pero con un estilo adecuadamente diferenciado del anterior.
Personalmente, siento que esta interpretación de Vivaldi marcó un hito. La Orquesta Sinfónica definitivamente se adentró en una sonoridad nueva y el público parece haberlo disfrutado enormemente. Espero que el conjunto siga explorando esta veta, ya no como fruto de exploraciones aisladas de algunos de sus miembros más jóvenes, sino de manera mancomunada invitando a directores especialistas en el área.
Éste es un trabajo que ya están haciendo las orquestas juveniles de nuestro país. En ello ha sido muy importante el aporte de Cristóbal Urrutia, violinista valdiviano radicado en Bélgica e integrante de algunos de los más connotados conjuntos de instrumentos antiguos de Europa. Cristóbal realizó un taller de interpretación de música barroca hace un par de meses en nuestra ciudad, con el apoyo de la Orquesta Juvenil de la Escuela de Música UBB y su director, el flautista Sergio Carrasco. El proceso ha sido lento, pero la interpretación de la música barroca en un estilo más acorde con su época, ya se está empezando a incorporar entre los músicos locales.-
Sinfómano
9 December 2006
Estimad@s:
He rescatado de mis archivos un comentario que escribí para diario El Sur en 1998 acerca de la interpretación de la música barroca en Concepción. Esto, para estimular a un análisis de la situación presente.
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La opción barroca
En una loable iniciativa, el Instituto de Arte de Concepción, con el apoyo de otras entidades, ha iniciado una Temporada de Música de Cámara en el Aula Magna de la Universidad Católica. Esta breve serie de conciertos llena provisoriamente un importante vacío, sobre todo por la inclusión de obras para orquesta de cámara. Esperemos que en el futuro se realicen más temporadas de este tipo, de mayor duración y con un repertorio más variado.
El primer concierto incluyó la participación de la Orquesta del Instituto de Arte en obras de Bach y Corelli, con interpretaciones muy ilustrativas del estilo en que se acostumbra abordar el barroco en nuestro país. Un director holandés declaraba recientemente que la Orquesta Sinfónica de Chile “toca el barroco de un modo que [los europeos] hemos olvidado”. Él se refería al estilo romántico que nuestras orquestas siguen aplicando al repertorio barroco, a pesar de los numerosos estudios que en los últimos treinta años han revolucionado las prácticas interpretativas en otros países. El nuevo sonido barroco, tan familiar para melómanos del mundo entero gracias a una creciente oleada de grabaciones, inexplicablemente parece no haber llegado a oídos de nuestros músicos.
En Chile, los instrumentistas de arco siguen usando el ataque masivo a la cuerda y el “vibrato” permanente, que generan un sonido tenso y pesado, más afín a Brahms o Schumann, mientras que muchos pasajes tienden a sonar mecánicos debido a la falta de ornamentación e “inegalité” (una especie de “rubato”). A esto se suma una exasperante deformidad aportada por las orquestas penquistas: todos los finales se ejecutan con un “ritardando” exagerado, seguido por una larga pausa general y un último acorde “pesante”.
No es que esté mal interpretar el barroco “a la romántica”. Lo que sí está mal es tocarlo siempre de este modo porque no se conocen otras opciones. Ya que la interpretación en estilo barroco aún no está incorporada al proceso formativo de los instrumentistas chilenos, éstos deberían aprovechar al máximo las contadas ocasiones en que algún maestro internacional plantea esta “opción barroca” en nuestro país. Al respecto, cabe mencionar las clases magistrales que impartiera el chelista holandés Pieter Wispelwey en Santiago el año pasado, y una breve introducción al tema, realizada por el chelista Peter Thiemann durante las Jornadas Musicales de Invierno en Concepción.
Vale la pena ponerse al día en esto. Como lo demostrara la Orquesta de Cámara de Chelistas Europeos en un reciente recital, con instrumentos modernos y un poco de técnica barroca pueden lograrse increíbles maravillas en una obra de Bach.-
Felipe Elgueta Frontier
Publicado en diario “El Sur”, 18 de noviembre de 1998
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