57 años de la Orquesta Sinfónica UdeC
5 July 2009
Ésta es la versión original completa de la columna que escribí para la sección de cultura y espectáculos de “El Diario de Concepción”. Fue publicada junto a un extenso reportaje sobre el aniversario en la página 17 de la edición del domingo 5 de julio de 2009. Los cortes se indican entre paréntesis cuadrados:
He seguido la evolución de la orquesta desde 1983, cuando yo tenía once años. Era una mala época para el conjunto. Había bastantes limitaciones técnicas, especialmente evidentes en los bronces. [Lo más destacable era la labor pedagógica realizada por sus músicos, que fue clave para la formación del actual movimiento nacional de orquestas infantiles y juveniles.]
Creo que los primeros conciertos que verdaderamente me emocionaron fueron los de la “era Gorelik”. Pese a lo polémico de ese período, está claro que la orquesta pasó a un nivel superior. En la actualidad, las cosas se están haciendo bien: los músicos se han hecho cargo de las decisiones artísticas, invitando a muy buenos directores y escogiendo una programación cada vez más interesante. [La contratación de Freddy Varela como concertino ha sido un tremendo aporte hacia el afianzamiento del trabajo de equipo de las cuerdas.]
Aunque todavía está a años-luz de las orquestas que he escuchado en Europa, el conjunto ya está mirando de igual a igual a las orquestas de Santiago. Los espectáculos sinfónicos de música popular chilena, aunque de calidad bastante variable, y la itinerancia de los dignos montajes de ópera han hecho mucho más visible a la orquesta dentro del panorama cultural nacional, lo que es un gigantesco logro en un país tan centralista como el nuestro.
[Eso sí, hay que tener claro que durante estos 57 años se ha trabajado con recursos mínimos, con una dotación de músicos muy inferior a la de una auténtica orquesta sinfónica y en escenarios sin acústica apropiada. Hace tiempo que la orquesta y su público se merecen algo mejor. Ampliar y mejorar la orquesta la convertiría, de paso, en una poderosa embajada cultural de nivel internacional. Eso va a requerir una inversión enorme, que sólo puede abordarse en conjunto: la Universidad debe mantener su aporte financiero y el Estado y los privados deben multiplicar el suyo. Además, debería hacerse un trabajo muy paciente y sostenido para crear una cultura del mecenazgo: no sólo las empresas, sino toda persona que valore el arte musical debería poder hacer su aporte, por pequeño que sea, tal como ocurre en países desarrollados.]





